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Japón es un país fascinante para mí y la cerámica japonesa es una gran influencia en mi trabajo y en el de muchos ceramistas. En este post te cuento algunas de las cosas que más me han inspirado como el trato que se da a los objetos, algunas pinceladas de estética o la ceremonia del té y esos maravillosos cuencos conocidos como chawan.

La cerámica japonesa como influencia

No sé qué es lo que más me gusta de la cerámica japonesa, pero creo que es la mezcla de sensaciones que me asaltan cuando estoy ante una de estas piezas. Obviamente, hay muchos estilos y épocas, desde las primeras cerámicas vidriadas Nara que recién incorporaban los vidriados plúmbicos de las producciones chinas, a las porcelanas Kutani del siglo XVII. Hay estilos como el Shino o el Oribe que me transmiten muchísima calidez, amabilidad, con un aspecto muy natural. Cada una tiene su personalidad y su sabor, y todas me resultan inspiradoras.

En general, me llega una sensación de vocación de hacer una pieza redonda, en el sentido de completa, compensada, en la que no sobre nada y sea un todo armonioso. Para mí este es un objetivo difícil de alcanzar y lo valoro mucho. Otra emoción que me surge es la alegría de sentir algo natural, algo que se inspira en la naturaleza, en las propias cualidades del barro.

para ilustrar mejor estas cualidades, reproduzco a continuación un fragmento de un texto de R. Wilson de 1999, de su libro Inside Japanese Ceramics. A primer of Materials, Tecniches and Tradition.

«En la cerámica popular china, las vasijas y ollas son apreciadas por su parecido al jade, la plata o el hielo. En la cerámica occidental, como en la mayólica italiana, se hacen todos los esfuerzos para recrear una pintura. Pero en Japón, las propiedades de los materiales, tales como el color, textura y dureza de la arcilla, la impureza de los pigmentos o la viscosidad y fundido del vidriado, generalmente son animadas a hablar por sí mismas.»

Piezas animadas a hablar por sí mismas, esta frase me gusta mucho. Le concede personalidad, esencia y alma a los objetos, que se muestran y cuentan su propia historia. Son objetos que acompañan en la vida de sus dueños y les aportan sensaciones. El culmen para mí es la explosión de creatividad en la vajilla de mesa. Pequeños objetos cotidianos y especiales, valorados y reconocidos como importantes. Ese tipo de relación con los objetos me llega muy profundamente.

La vajilla de mesa japonesa

En Japón, a la hora de poner la mesa se siguen unos códigos dependiendo de la celebración, la época del año y los invitados. Toda la vajilla, esos platitos, cuencos, bandejas y demás utensilios, son elegidos cuidadosamente y dispuestos creando maravillosas escenas. Ese gusto por la belleza en la mesa (y en muchos más aspectos de la vida, por supuesto), me cautiva. Estoy deseando que me inviten a comer en Japón, aunque no sé de qué disfrutaría más…si de la comida o de la cerámica.

A continuación te dejo unas imágenes de la colección del Smithsonian que ilustran esa belleza sencilla y majestuosa de la vajilla japonesa. La colección de este museo, por cierto, es muy recomendable si te gusta el mundo de la cerámica oriental y está disponible online con toda la información de cada pieza. Debajo de las imágenes pongo los enlaces por si te apetece curiosear…

Jarra para agua. Siglo XIX. Fuente: Smithsonian National Museum of Asian Art

La ceremonia del té

Dentro de las ocasiones en las que agasajar con maravillosas piezas de cerámica destaca la ceremonia del té. Como la palabra indica, hay una forma concreta, formal, ceremoniosa, de rígida etiqueta y a la que es un verdadero honor ser invitado. Otra cosa más para la lista de deseos…

Por ahora me conformo con estudiar acerca de ella y de las diferentes piezas que se emplean. La pieza estrella es el chawan, o cuenco para té matcha (té verde en polvo). Es un cuenco grande cuyas medidas aconsejables son 13 cm de diámetro y 8 de altura. No recuerdo en qué situación lo leí o lo escuché, pero esas palabras se me quedaron grabadas: el chawan tiene la misión de «contener la belleza del universo en un cuenco». Una altísima misión, desde luego. Sí recuerdo un artículo de Robert Yellin titulado Chawan: Simply, some of the hardest works of pottery to create (Chawan; simplemente una de las piezas de cerámica más difíciles de crear), en el que disertaba sobre es tema.

Tipos de cuencos japoneses

Como puedes ver, esto son sólo unas modestas pinceladas sobre un mundo inmenso y sobre el que se ha escrito mucho y muy bien, empezando por Bernard Leach y Soetsu Yanagi. Pero hay un libro que me gustaría recomomenda en concreto. Se trata de un pequeño manual de cerámica japonesa escrito hace varias décadas y que tiene el sabor de lo hecho con vocación y amor por la cerámica. Se titula The japanese pottery handbook y es uno de los que más me gusta revisar. Tiene numerosos dibujos de piezas, del taller tradicional, de los elementos y los procesos de trabajo. Es una maravilla. Allí descubrí la siguiente tipología de cuencos y aprendí que los que más me gustaban se llamaban Goki-gata, Ido-gata o Han-tus-tsu gata.

dibujo que se compone de las siluetas de numerosos cuencos japoneses para mostrar los tipos y sus nombres escritos en inglés y japonés.
Fuente: The Japanese pottery handbook.

Mi cerámica al estilo japonés

Como contaba al principio, cuando descubrí la cerámica japonesa, esa sensibilidad y estética me impactó profundamente. Me encanta aprender sobre ella y me gustaría mucho que en mi colección de cerámica aumentase la presencia de piezas japonesas.

Por el momento, me he quedado con las formas, las pinceladas y las he adaptado a mi estilo. Aquí puedes ver algunas de las piezas que he creado influida por este mundo y puedes conocer más en la colección Viaje a Japón.

Como siempre, espero que te haya resultado interesante y para cualquier consulta me encuentras aquí.

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