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Una de las cosas que más valoro de las personas es la capacidad que tenemos de ilusionarnos. La cerámica nos ilusiona. Lo hace por muchos motivos y esa ilusión nos hace vivir más plenamente.

Noto desde hace algunos años que la cerámica se está convirtiendo en una tendencia fuerte, tanto en decoración como en actividad creativa para nuestro tiempo de ocio. Y es que tiene muchos aspectos que la hacen buena candidata para dejarla entrar en tu vida…

La ilusión de empezar

Una cosa que suele darnos alegría es empezar algo nuevo. Cuando tenemos una mala racha en el trabajo y estamos estresadas, cuando la rutina familiar pesa demasiado, o incluso cuando nuestra vida se ha llevado una sacudida, una de las salidas a los estados de tristeza es comenzar una actividad nueva.

Empezar algo nos aporta un punto de incertidumbre que nos activa. Sentirnos activadas puede parecer poco, pero es un movimiento interno que tiene consecuencias importantes: de alguna manera nos hace sentir vivas y eso es fundamental. La cerámica nos ilusiona y anima a seguir.

Empezar algo es también concedernos una nueva oportunidad, sentir que delante de nosotras hay un camino por recorrer.

Empezar a hacer cerámica

Hay muchas opciones disponibles cuando buscamos alguna actividad artística y me alegro de que la cerámica tenga más presencia.

Empezar a hacer cerámica es introducirse en un mundo milenario que nos conecta con nuestras raíces. Me gusta pensar que todos tenemos un poquito de alfareros, ya que desde la prehistoria estamos haciendo vasijas con arcilla. Cuando se empieza a trabajar con barro, hay un momento, superada la incertidumbre inicial, en el que conectamos con el material como con un viejo conocido. Esa impronta de la arcilla creo que es una huella ancestral que somos capaces de recuperar si prestamos atención y nos dejamos llevar.

El mundo del barro es una recreación del universo: la tierra, el agua, el aire y el fuego mezclados para crear algo nuevo. El trabajo de la arcilla nos permite modelar formas y modelarnos.

La transformación está siempre presente, ponemos lo que necesita la pieza para llegar a ser lo que hemos imaginado. Del mismo modo, aprendemos a poner en nosotras lo que queremos que se desarrolle. A veces es paciencia, observación, calma, concentración…pero sobre todo, es ilusión.

Crear con cerámica ilusiona. Ver cómo de una masa salen vasijas y figuras nos da mucha ilusión y nos entusiasma. ¿Y qué sería de la vida sin entusiasmo?

La ilusión se contagia

Una de las cosas que más me gusta de dar clases de cerámica es ver que la ilusión se contagia. Veo cómo las personas vienen a aprender y se van entusiasmando con cada descubrimiento. La ilusión de hacer tu primera pieza, de enseñarla, de hacer cosas para regalar a esas personas que para ti son especiales.

Se contagia también la sensación de estar en un proyecto, la ilusión de aprender, de sentir que avanzamos, paso a paso, conociendo cada vez más cosas del barro y de todo lo que nos puede ofrecer…

Se contagia la ilusión de compartir. En La Escalera tengo como principio que el conocimiento se comparte y la alegría también. Cuando vienen amigos, familias o parejas a disfrutar de una experiencia, están creando vínculos y bonitos recuerdos. De alguna manera, están reforzando su relación al compartir el tiempo juntos y creando. El tiempo que dedicamos a nosotras y a estar con los nuestros nos enriquece, y más aún si la actividad que realizamos nos ilusiona y enriquece.

Si siempre te ha apetecido probar la cerámica y aún no has dado el paso…te animo a que visites el taller y te enamores de este arte antiguo y humilde que es trabajar el barro.

Estaré encantada de leer tus comentarios y si tienes alguna duda, puedes escribirme por WhatsApp o contactar aquí. También puedes seguir las novedades en mi Instagram.

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